Carta abierta a José Rizal, de Francisco Zaragoza

Desde esta mi atalaya en donde vivo
y donde veo desfilar la vida
con espantada perturbación te escribo
para enterarte de un complot suicida

El idioma que tanto has exaltado
y que amaste con tu último latido
aquel que como artista has cincelado
y como pensador, enaltecido

aquel idioma universal y santo
que tú, maestro, con amor mimaste
que tantas veces enjugó tu llanto
y en el candor del corazón guardaste

aquel de tus creaciones inmortales
que plenamente tu doctrina enlaza
que nos dio las simientes nacionales
para obtener la cohesión de raza

aquel, hecho de miel y de armonía
con que hablabas a Dios desde tu exilio
más brillante que la luz del día
y más dulce que un verso de Virgilio

que esculpe el evangelio libertario
y nos inculca el pundonor patricio
desde la nueva cruz de tu calvario
como una redención del sacrificio

idioma de divinas inflexiones
con que diste tu cántico postrero
compuesto con la unción de tus pasiones
y dúctil como arcilla de alfarero

idioma que en el Noli es luz y cumbre
que escudan la justicia y el respeto
y en el Fili la densa reciedumbre
como si fuera un bíblico decreto

idioma de sinécdoques y elipsis
que ensortijaste con genial destreza
para formar un nuevo apocalipsis
que devolviera al pueblo su grandeza

que para honrar la prez de su linaje
dio a Jaena su acento lapidario
y a Del Pilar el firme caudillaje
de ser el prodigioso panfletario

verbo que fue la rara levadura
que fermentó su haz en la conciencia
por cumplir un destino de cultura
en la historia, en las artes y en la ciencia

el verbo que, con cifras de diamante
de luz esmalta nuestra Ley Orgánica
ese verbo imperial y palpitante
que nos enlaza con la Unión Hispánica

el que trazó en nuestra frente
con unciones de amor y de confianza
y en nuestro corazón una fe ardiente
cual palpitante prenda de esperanza

Ese verbo que sobre el haz del mundo
tanta atracción ejerce en diplomacia
y es el `¡ábrete sésamo!' fecundo
de lo que implica simpatía y gracia

hoy afronta el vejamen y el quebranto
por un complot de encono y repugnancia
que dará a la memoria eterno espanto
porque es la encarnación de la ignorancia!

Ya sé, maestro, que tú, desde la altura
donde por tu virtud sin duda moras
podrás parar la trágica amargura
de esas maquinaciones vengadoras

Una turba de indignos filipinos
con rampante ignorancia de la Historia
y alevosos instintos asesinos
¡el oro quieren que se vuelva escoria!

Se dan en corromper las tradiciones
en accesos de artero vandalismo
pues es la más feroz de las traiciones
querer matar la ley del hispanismo

Es ignorar tus líricas preseas
tirar al muladar nuestros caudales
y convertir en cieno las ideas
que son, por su grandeza, universales

En nombre de la patria y la cultura
a las que al alma entera has consagrado
¡haz que despunte en esta noche oscura
el destello inmortal de ese legado!

¡Incendia los relámpagos de tu ira
para que raudos hieran y mutilen!
Y que las cuerdas de tu excelsa lira
¡execración flamígera destilen!

1985