Emilio Jacinto, de Zoilo J. Hilario

¡Héroe: gloria a ti! Rosas, frescas y tiernas rosas
sobre tu tumba sacra, las hadas cariñosas
amigas de bravos héroes ofrendan con amor
mientras tu amada Patria te rinde en sus altares
el suave y dulce aroma de los ricos solares
de las islas Visayas, Mindanaw y Luzón

¡Vives, patriota egregio! Trompetas y clarines
ya pregonan tu nombre en todos los confines
de este codiciado huerto del extremo oriental
y en el ara del Templo de la divina Gloria
te colocan, unánimes, la justiciera Historia
y la santa mil veces conciencia popular

¡Oh paladín que en medio del épico combate
soñaste para el pueblo, a manera de un vate
en auroras de triunfo, de libertad y redención.
Vibra tu nombre en hojas del libro de inmortales
con los de nuestros Burgos, Zamoras y Rizales
para pasmo del déspota y del hermano honor!

Fue tu amor a la patria sublime fanatismo
y en tu odio soberano contra el viejo despotismo
dieron su fuego a tu alma el Mayon y Taal.
Tu valor solo cabe en los hidalgos pechos
y en el cruento combate por los patrios derechos
fue un sol en tus palabras: ¡Sucumbir o matar!

Te hirieron en el muslo en la roja contienda
las armas defensoras de la extranjera tienda
en los campos históricos de nuestra rebelión.
Mas ¡qué importa? Te hirieron, oh héroe, dándote gloria
porque quien cae herido en honor de la Historia
se levanta después como un radiante sol!

Heredaste tu sangre del inmortal ancestro
oh héroe del Katipunan, querido hermano nuestro
sangre de Maguinoos y de invictos rajáhs.
Sus glóbulos hirvientes, hecho ya tu heroísmo
convirtiéronse en cálidas flores de patriotismo
y en constantes ensueños de eterna libertad

No fuiste solo héroe del legendario bolo
cuyas grandes hazañas se oyen de polo a polo
sino diestro soldado de la pluma también
que sabe hacer temblar a los mismos monarcas
y césares que explotan las fabulosas arcas
de los pueblos sujetos al coloniaje cruel

Fuiste también poeta, porque las dulces diosas
de nuestras selvas vírgenes y montañas hermosas
imprimieron sus besos sobre tu honrada sien.
Bebiste en bellas ánforas suaves inspiraciones
y en las notas nostálgicas de tus tristes canciones
cantabas a la patria diosa de tu querer

Ser poeta es una de esas soberanas grandezas
mucho más bellas que todas las noblezas
de aquella aristocrática Edad Medioeval
porque los dulces sabios en melódicos cantos
son tan solo en la tierra apenas unos cuantos
amados del gran Dios todo amor y bondad

Consejero sublime del inmortal e ilustre
Bonifacio de historia llena de gloria y lustre
apóstol y guerrero, trovador y escritor.
¿Qué importa si en su fosa la muerte ya te encierra?
Cual Jesucristo a Lázaro, tu idolatrada tierra
te dice: ¡resucítate! y te alzas como un dios!

¡Gloria a ti, héroe Jacinto! Rosas todas divinas
con tus hadas amigas, las almas filipinas
ponen sobre tu tumba con un sublime amor
mientras tu amada patria, al rendirte su culto
a ti que enviaste al déspota maldición e insulto
¡ratifica sus ínclitos sueños de redención!

1914