A España, de Flavio Zaragoza Cano

España, nación gigante
cuyo poder sin segundo
un tiempo sostuvo el mundo
con las fuerzas de un atlante.
De mi lira de diamante
hoy brotan a tu memoria
las epopeyas de gloria
que admiró muda la tierra
cuando eras diosa de guerra
y emperatriz de la historia

Nadie humilló tu grandeza
ni violó tu independencia
porque el hierro de la ciencia
fue tu escudo de nobleza.
Cuando con torpe braveza
te hirió la gálica fiera
no pudo el ave guerrera
rasgar tu rojo estandarte
¡y el astro de Bonaparte
cayó al pie de tu bandera!

Con el libro y con la espada
de hemisferio en hemisferio
tuviste bajo tu imperio
la humanidad dominada,
y la tierra conquistada
fue por tus bravas legiones
cuando al llevar tus pendones
los adalides hispanos
cruzabas los oceanos
con tus Gamas y Colones

Así cruzaste los mares
con tu enseña vencedora,
que brillaba como aurora
de amor en extraños lares.
En montañas y en hogares
en el mar y en el boscaje
te dio el mundo vasallaje
y tu le diste tus ciencias
y la flor de tu lenguaje

Tus genios como titanes
del humano pensamiento
son soles del firmamento
y en la tierra son volcanes.
Colón, Vasco y Magallanes
almas grandes y divinas
las latitudes marinas
cruzaron con brava hazaña
llevando el pendón de España
de América a Filipinas

Jamás con garra sangrienta
extendiste tu dominio
que torpe sed de exterminio
tu corazón nunca alienta.
Tu magno poder se asienta
sobre un trono duradero.
Tras el fragor del acero
desde el Mayón a los Andes
tus hijos libres y grandes
recuerdan tu amor sincero

Hoy que nuevos invasores
pretenden romper el lazo
que en estrechísimo abrazo
une tan grandes amores
tu nombre en nuestros dolores
es vida y es acicate.
Y cuando el canto del vate
haga latir nuestro pecho
con la espada del Derecho
sostendremos el combate

Nunca podrá la absorbente
fuerza de las nuevas huellas
oscurecer tus estrellas
que brillan en nuestra mente.
Escrito está en nuestra frente
tu recuerdo soberano
y al recabar del tirano
nuestra sacra independencia
lo haremos con elocuencia
en lenguaje castellano

Y aún hay almas ingratas
que olvidando tu ternura
manchan con su baba impura
el amor con que nos atas.
Mas son en tu pecho innatas
la bondad y la hidalguía
y hoy que a relucir vuelve el día
tras la noche del olvido
el pueblo de gozo henchido
te llamará: ¡Madre mía!

¡Madre, sí! Porque nos diste
con la luz del primer beso
la alborada del progreso
que en nuestras tierras pusiste.
El pueblo agobiado y triste
por sus sueños no cumplidos
con tus recuerdos queridos
hace un broquel soberano.
¡Y hablamos en castellano
para no ser absorbidos!

1923