A la patria, de Emilio Jacinto

¡Salve oh patria que adoro, amor de mis amores
que Natura de tantos tesoros prodigó
vergel do son más suaves y gentiles las flores
donde el alba se asoma con más bellos colores
donde el poeta contempla delicias que soñó!

¡Salve oh reina de encantos, Filipinas querida
resplandeciente Venus, tierra amada y sin par
región de luz, colores, poesía, fragancias, vida
región de ricos frutos y de armonías, mecida
por la brisa y los dulces murmullos de la mar!

Preciosísima y blanca perla del mar de Oriente
edén esplendoroso de refulgente sol
yo te saludo ansioso y adoración ardiente
te rinde el alma mía, que es su deseo vehemente
verte sin amarguras, sin el yugo español

En medio de tus galas, gimes entre cadenas
la libertad lo es todo y estás sin libertad
para aliviar oh patria tu padecer, tus penas
gustoso diera toda la sangre de mis venas
durmiera como duermen tantos la eternidad

El justo inalienable derecho que te asiste
palabra vana es sólo, sarcasmo, burla cruel
la justicia es quimera para tu suerte triste
esclava y sin embargo ser reina mereciste
goces das al verdugo que en cambio te da hiel

¿Y de qué sirve ¡ay patria! triste, desventurada
que sea límpido y puro tu cielo de zafir
que tu luna se ostente con luz más argentada
de que sirve si en tanto lloras esclavizada
si cuatro siglos hace que llevas de sufrir?

¿De que sirve que cubran tus campos tantas flores
que en tus selvas se oiga al pájaro trinar
si el aire que transporta sus cantos, sus olores
en alas también lleva quejidos y clamores
que el alma sobrecogen y al hombre hacen pensar?

¿De qué sirve que, perla de virginal pureza
luzcas en tu blancura la riqueza oriental
si toda tu hermosura, si toda tu belleza
en mortíferos hierros de sin igual dureza
engastan los tiranos gozándose en tu mal?

¿De qué sirve que asombre tu exuberante suelo
produciendo sabrosos frutos y frutos mil
si al fin cuanto cobija tu esplendoroso cielo
el hispano declara que es suyo y sin recelo
su derecho proclama con insolencia vil?

Mas el silencio acaba y la senil paciencia
que la hora ya ha sonado de combatir por ti
para aplastar sin miedo, de frente, sin clemencia
la sierpe que envenena tu mísera existencia
arrastrando la muerte, nos tienes, patria, aquí.

La madre idolatrada, la esposa que adoramos
el hijo que es pedazo de nuestro corazón
por defender tu causa todo lo abandonamos
esperanzas y amores, la dicha que anhelamos
todos nuestros ensueños, toda nuestra ilusión.

Surgen de todas partes los héroes por encanto
en sacro amor ardiendo, radiantes de virtud
hasta morir no cejan, y expiran. Entre tanto
que fervientes pronuncian, patria, tu nombre santo
su último aliento exhalan deseándote salud.

Y así cual las estrellas del cielo numerosas
por ti se sacrifican mil vidas sin dolor
y al oir de los combates las cargas horrorosas
rogando porque vuelvan tus huestes victoriosas
oran niños, mujeres y ancianos con fervor

Con saña que horroriza, indecibles torturas,
_porque tanto te amaron y desearon tu bien_
cuantos mártires sufren; más en sus almas puras
te bendicen en medio de angustias y amarguras
y si les dan la muerte bendícente también

No importa que sucumban a cientos, a millones
tus hijos en lucha tremenda y desigual
y su preciosa sangre se vierta y forme mares
no importa si defienden a ti y a sus hogares
si por luchar perecen, su destino fatal

No importa que suframos destierros y prisiones
tormentos infernales con salvaje furor
ante el altar sagrado que en nuestros corazones
juntos te hemos alzado, sin mancha de pasiones
juramentos te hicieron el alma y el honor

Si al terminar la lucha con laureles de gloria
nuestra obra y sacrificios corona el triunfo al fin
las edades futuras harán de ti memoria
y reina de esplendores, sin manchas ya ni escoria
te admirarán los pueblos del mundo en el confín

Ya en tu cielo brillando el claro y nuevo día
respirando venturas, amor y libertad
de los que caído hubieren en la noche sombría
no te olvides, que aun bajo la humilde tumba fría
se sentirán felices por tu felicidad

Pero si la victoria favorece al hispano
y adversa te es la suerte en la actual ocasión
no importa: seguiremos llamándonos hermano
que habrá libertadores mientras haya tirano
la fe vivirá mientras palpite el corazón

Y la labor penosa en la calma aparente
que al huracán precede y volverá a bramar
con la tarea siguiendo más firme, más prudente
provocará otra lucha aun más tenaz y ardiente
hasta que consigamos tus lágrimas secar

¡Oh patria idolatrada, cuanto más afligida
y angustiada te vemos te amamos más y más
no pierdas la esperanza; de la profunda herida
siempre brotará sangre, mientras tengamos vida
nunca te olvidaremos: ¡jamás, jamás, jamás!

1897