La romería de la muerte, de Manuel Bernabé

Cabizbajos, taciturnos, con espíritu cansino
inclinados, como la hoja de la mies
van descalzos mis hermanos, a la vera del camino
con la lágrima en los ojos, con la sangre en los pies.
Macilentos, cual la caña exprimida de verano
desgreñados, ojos huérfanos de luz
¡Quien los viera juraría no ver sombra de un hermano!
¡Más parecen nuevos Cristos desclavados de la cruz!

Son vencidos y caminan sin banderas
son vencidos y el azote les flagela los costados.
A su lado van las fieras
bandoleros con disfraces de soldados.
Son agudo de clarines
pantominas de grandeza, gestos ruines
alaridos de jauría, roncas voces
que los bárbaros son mas fieros que Caínes
dando vivas, dando gritos, dando coces

Y los pobres van cayendo uno a uno
como pétalos sangrientos de las ramas florecidas
la agonía del ayuno, el temblor de las heridas
rostro pálido
brazo escuálido
cuerpo inválido
frente a las hordas de Atila
que cabriolan con fulgores malsanos en la pupila

La apretada caravana en su pena se sumerge y se agobia
¿dónde el padre? ¿ y la madre ? ¿ y la hermana?
¿y la novia?
El vencido llama al cielo, pero el cielo no responde
_¿dónde han ido mis amores? ¿dónde? ¿dónde?