Las dalagas filipinas, de Claro Mayo Recto

Dalagas del terruño, el poeta os saluda
coronado de flores, de ensueño y arrebol
y por los dioses lares y por el mismo Buda
os ofrenda estas rosas, novias todas del sol

Por las manos que tienen mansedumbre de tules
por las sampagas níveas del malayo vergel
por las místicas garzas de los lagos azules
coloco en vuestras frentes esta hoja de laurel

Adoro vuestros labios, donde el sol de mi tierra
ha dejado sus besos de sátiro oriental
porque son el santuario de bellezas que encierra
el glorioso prestigio del solar de Rizal

Ojos negros, refugio de hechizos y embelesos
dolientes, langorosos, plenos de ensoñación
como noches sin luna pero con rojos besos
que vierten en el alma perfumes de ilusión

Manos sutiles como suavidades de lago
de seda que se aleja en rítmico frufrú
como el bogar quimérico de un ensueño muy vago
sobre las aguas mansas del piélago de azur

Frente color de aurora, donde bellas florecen
con aromas de cielo flores de castidad
mejillas sonrosadas, que en su gracia parecen
vírgenes de los lienzos de la pasada edad

Cabellera flotante cual selva enmarañada
que exhala dulcemente aromas de querer
ensoñación, delirio del alma enamorada
de las carnes y besos de la amada mujer

Pies finos, diminutos, de rosáceos talones
y senos que se exaltan con ferviente ansiedad
ánforas virginales con vino de ilusiones
que emborracha las almas de voluptuosidad

Talle gentil y esbelto como enhiesta palmera
donde alegres laboran las abejas su miel
con suave ritmo que los nervios exaspera
como si fuese espíritu de un viejo moscatel

Todo un conjunto armónico y grato que envidiara
la ardiente castellana y la impasible miss
la princesa que el cielo de Rusia cobijara
y la dama que siente la fiebre de París

Quien dice que no es bella la mujer filipina
que visite estas tierras de Burgos y Rizal
y verá que es más mística, más dulce y más divina
la hija de los rajáhs, la niña tropical