Socorro, de Edwin Agustín Lozada

Oh poeta, ven, te pido socorro.
Aclárame este dolor que yo siento.
Yo no sé si es azul, violeta o púrpura,
si viene, ay, de las noches perdidas,
espesas y ahogadas en el profundo
mar que atormenta mi paz temerosa,
frágil, tan inestable y angustiada,
o si viene del viento sanguinario
de la cruel verdad que me sigue espiando,
pero no se muestra y no me confiesa
lo que oculta, guarda y calla en sus ojos
negros, opacos, fríos, solitarios.

Poeta, profeta de los corazones,
mago que del caos de los sentimientos
plasmas y das vida a lo fugitivo,
a lo incomprensible y a lo confuso
con tus palabras, luciérnagas que
dan señales de vida y esperanza,
belleza y alegría, claridad
donde ha desaparecido la luz
volátil que tanto nos hace falta.
¡Poeta, consuélame con tus luciérnagas,
pequeñas estrellas, tan delicadas,
pero en mi alma, potentes como el sol!

2003

Mi último adiós, de José Rizal

¡Adiós, patria adorada, región del sol querida
perla del mar de oriente, nuestro perdido Edén!
A darte voy alegre la triste mustia vida
y fuera más brillante, más fresca, más florida
también por ti la diera, la diera por tu bien

En campos de batalla, luchando con delirio
otros te dan sus vidas sin dudas, sin pesar
el sitio nada importa, ciprés, laurel o lirio
cadalso o campo abierto, combate o cruel martirio
lo mismo es si lo piden la patria y el hogar

Yo muero cuando veo que el cielo se colora
y al fin anuncia el día tras lóbrego capuz;
si grana necesitas para teñir tu aurora
vierte la sangre mía, derrámala en buen hora
y dórela un reflejo de su naciente luz.

Mis sueños cuando apenas muchacho adolescente
mis sueños cuando joven ya lleno de vigor
fueron el verte un día, joya del mar de oriente
secos los negros ojos, alta la tersa frente
sin ceño, sin arrugas, sin manchas de rubor

Ensueño de mi vida, mi ardiente vivo anhelo
¡Salud te grita el alma que pronto va a partir!
¡Salud! Ah, que es hermoso caer por darte vuelo
morir por darte vida, morir bajo tu cielo
y en tu encantada tierra la eternidad dormir

Si sobre mi sepulcro vieres brotar un día
entre la espesa yerba sencilla, humilde flor
acércala a tus labios y besa el alma mía
y sienta yo en mi frente bajo la tumba fría
de tu ternura el soplo, de tu hálito el calor

Deja a la luna verme con luz tranquila y suave
deja que el alba envíe su resplandor fugaz
deja gemir al viento con su murmullo grave
y si desciende y posa sobre mi cruz un ave
deja que el ave entone su cántico de paz

Deja que el sol, ardiendo, las lluvias evapore
y al cielo tornen puras con mi clamor en pos;
deja que un ser amigo mi fin temprano llore
y en las serenas tardes cuando por mí alguien ore
¡Ora también, oh Patria, por mi descanso a Dios!

Ora por todos cuantos murieron sin ventura
por cuantos padecieron tormentos sin igual
por nuestras pobres madres que gimen su amargura
por huérfanos y viudas, por presos en tortura
y ora por ti que veas tu redención final

Y cuando en noche oscura se envuelva el cementerio
y solos sólo muertos queden velando allí
no turbes su reposo, no turbes el misterio
tal vez acordes oigas de cítara o salterio
soy yo, querida patria, yo que te canto a ti

Y cuando ya mi tumba de todos olvidada
no tenga cruz ni piedra que marquen su lugar
deja que la are el hombre, la esparza con la azada
y mis cenizas, antes que vuelvan a la nada,
el polvo de tu alfombra que vayan a formar

Entonces nada importa me pongas en olvido
tu atmósfera, tu espacio, tus valles cruzaré
vibrante y limpia nota seré para tu oído
aroma, luz, colores, rumor, canto, gemido
constante repitiendo la esencia de mi fe

Mi patria idolatrada, dolor de mis dolores
querida Filipinas, oye el postrer adiós
ahí te dejo todo, mis padres, mis amores
voy donde no hay esclavos, verdugos ni opresores
donde la fe no mata, donde el que reina es Dios

Adiós padres y hermanos, trozos del alma mía
amigos de la infancia en el perdido hogar
dad gracias que descanso del fatigoso día
adiós dulce extranjera, mi amiga, mi alegría
adiós queridos seres, morir es descansar

1896