Socorro, de Edwin Agustín Lozada

Oh poeta, ven, te pido socorro.
Aclárame este dolor que yo siento.
Yo no sé si es azul, violeta o púrpura,
si viene, ay, de las noches perdidas,
espesas y ahogadas en el profundo
mar que atormenta mi paz temerosa,
frágil, tan inestable y angustiada,
o si viene del viento sanguinario
de la cruel verdad que me sigue espiando,
pero no se muestra y no me confiesa
lo que oculta, guarda y calla en sus ojos
negros, opacos, fríos, solitarios.

Poeta, profeta de los corazones,
mago que del caos de los sentimientos
plasmas y das vida a lo fugitivo,
a lo incomprensible y a lo confuso
con tus palabras, luciérnagas que
dan señales de vida y esperanza,
belleza y alegría, claridad
donde ha desaparecido la luz
volátil que tanto nos hace falta.
¡Poeta, consuélame con tus luciérnagas,
pequeñas estrellas, tan delicadas,
pero en mi alma, potentes como el sol!

2003