A mi calle ilonga, de Guillermo Gómez-Rivera


Vetusta rúa de cansados sueños,
del Bilibid y parques sin verdor,
de casas solariegas sin sus dueños,
de acacias milenarias sin color.

Te vio mi adolescencia alegre y bella
avenida de recuerdos y desfiles.
Ahora te añoro por guardar la huella
de amores santos y ósculos gentiles.

Calesas, calesines y carruajes
cabalgaron ayer sobre tu lomo.
Hoy carros de chirriantes engranajes
transitan sin corcel ni mayordomo.
Las damas con sombreros y plumajes
¡se perdieron en vehículos de plomo!

Iloílo, 10 de enero de 1957